domingo, 17 de mayo de 2015

poemadelunes: se buscan amigos y bocas para olvidar...

Y la noche coge mal color,
vamos a decir que es amistad…

NOSOTRASH




Quería olvidar
un amor
que minaba
mi corazón y
mi cerebro y
te llamé
–para eso están
los amigos–.
Nos citamos
a las ocho
en aquel antro
de lunas y espejos
que ponía
el mejor
gin-tonic de
Madrid.

Creo que fui yo
la que te abracé
demasiado fuerte
cuando me regalaste
la pulsera de plata
que nunca te
habías quitado;
o quizás tú,
que me diste la mano
al cruzar la calle
para guiarme
(al cielo,
de eso estoy
segura).

Yo bebí de
tu copa antes
de tragarme
tus labios y
tú me pusiste
la servilleta
en la falda,
antes de
subírmela.

Esa noche
olvidé mi
guerra y
tu paz,
olvidé los
mensajes que
esperaba
(de él)
y su promesa
de que siempre
me amaría.
Esa noche
me abandoné
para dejarte
entrar como
un animal
en mis vértebras.

Hasta hoy
(qué milagro),
que sigues
ardiendo dentro
de mi cama, 
de mis huesos y
de mis piernas.



yolandaamiga





domingo, 10 de mayo de 2015

poemadelunes: falda del colegio


Me gusta la gente que da la cara
pero también la que se esconde
 detrás de mí para que yo la proteja.



Cuando era niña,
odiaba el
uniforme del
colegio y,
antes de volver
a casa,
saltaba en los
charcos
para ensuciarlo
(ojo, que lo
hice hasta
los catorce años).

Mi madre
(yo creo que
lo sabía)
me decía
siempre lo mismo:
no te preocupes,
cariño,
que secamos
todo
(braguitas incluidas)
en el brasero.

Por eso hoy,
cuando has vuelto
roto de
trabajar  y
con tanta
lluvia en el
cuerpo,
te he susurrado
mientras te
desabrochaba
la camisa blanca:
no te preocupes
cariño,
que lo secamos
 todo
(piel incluida).
Yo soy
tu brasero.







yolandabrasero



domingo, 3 de mayo de 2015

poemadelunes: la madre que me parió...

Este poema
es para la
madre
que me
parió
(aunque ella
nunca me
lo haya
pedido).

Un poema a
su útero
apretado de hijos,
a su corazón
infectado
de tanto
callarse y
a su amor
infinito,  
infinito,
e infinito…

Un poema
a sus lágrimas
que me enseñaron
que hay que
dar sin recibir
(lo dice tan dulce
que le sube el azúcar)
y a sus
llamadas
interminables
a deshoras,
para decirme
que me
envía las
croquetas con
mi hermana.

Pero sobre
todo,
un poema
a la mujerjineta
que vive
dentro de
sus venas;
la que se
le agita
dentro
y le muerde
los huesos
y la que,
por miedo a
la soledad,
aún no ha
querido
dejar

cabalgar.





yolandahija