domingo, 31 de agosto de 2014

poemadelunes: Mi abuela...

A mi abuela, gran mujer renacentista de traje de chaqueta azul intensidad, que hacía de cada instante y de cada persona un regalo para nuestra vida (y que me enseñó que la palabra protocolo era agradar a los demás siempre, de la forma más hermosa posible).


De mi abuela
recuerdo
casi todo:
su traje azul
que detonaba
el día,
o su pelo blanco
de helado de
nata
nevada. 
El anillo con el
que golpeaba la
mesa y
sus ojos llenos
de mares y
de cataratas.

Cuando dormía
con ella
(qué pasado
más continuo)
le robaba
las galletas
inglesas de
mantequilla
que escondía
entre su
lencería de
Francia.

Mi abuela tenía
unas venas
transparentes que
enseñaban,
sin pudor,
los cientos
de libros que
había leído.
Y a veces,
nos dictaba su
peculiar historia de
esta España
quebrada.

De tanto querer,
a mi abuela,
le nació una
tromba en el
corazón que
le infectó
el alma.

Cuando se moría
(y yo a chorros)
le confesé
llorando
que le robaba
las galletas.
Ella,
sonriendo y
antes de dejarme
huérfana,
me dijo que
las ponía allí
para que yo
me las llevara.








poema que pertenece al capítulo de: 
3. PROTOCOLO COTIDIANO Y ELEGANCIA
(NORMAS Y ACTITUDES PARA RELACIONARNOS DE FORMA SENCILLA),
del libro nuevo que acabo de publicar. 
(La palabra «cotidiano» tendríamos que asociarla con algo muy positivo)






domingo, 24 de agosto de 2014

poemadelunes: adoro las despedidas (de otros...)


Ella se aferra a
su pelo,
inunda con besos
su cuello y
—con riesgo
de morir
de amor—
se separa de su boca.

Él fabrica
algodones de azúcar
con sus pecas,
teje sílabas de
futuro con su lengua y
—con riesgo
de morir
de amor—
se cose
con violencia
el corazón.

Son las doce
de la mañana
en un camping
del norte de España y,
turbada por la
escena,
me siento a contemplar
como una joven
pareja
se despide.

Llega la hora…
oigo que dice él
mientras se seca las
lágrimas
con el borde
de su camiseta azul
—tan gastada,
y tan besada—.

Se alejan abrazados
y me quedo a
solas
con la luz.

Adoro a los hombres
de camisetas
tan usadas
y me muero
(sin remedio)
por los que
lloran de amor.




yolandamirona

(de: "Poemas desde mi ombligo", de Huerga y Fierro)









viernes, 22 de agosto de 2014

la vida y yo...

La vida y yo,
observando
la luz de tu cuello
y la sonrisa
de tus dedos;
analizando,
también,
la caída
exacta de tu boca
sobre mis labios;
ensayando
las palabras
más sugerentes
para reventar
tu pasión y,
de camino,
que te estrelles
contra
mi piel

(la vida y yo,
deseándote,
vamos...).





yolandadeseo




lunes, 18 de agosto de 2014

poemadelunes: sobre todo, voy a lamer el antes...

Allí está él,
ocupándose.
Todo el día
engendrando verbos;
palabras inefables
para volver a
conquistarme.
Que si humedad y
calor,
que si tu mano y
mi pelo,
tus ojos y
mi enredo,
mi luz y
tu herida…
Un obseso del
plural,
de lo nuestro.

Allí está él,
desangrándose
mientras espera
mi abrazo y
me grita
en silencio:
vuelve que
reviento.

Sí, ya sé
que la ternura
escasea en el
mercado,
pero lo mío es
ir de chica dura,
sobre todo
si antes
me han
despreciado.







yolandaqueofrecelodelmercado



miércoles, 13 de agosto de 2014

conversaciones con mi zorro: Mi fábrica de nombres.

Conversaciones con mi zorro: mi fábrica de nombres.




–¿De dónde te viene esa manía de ponerle nombres tan extraños a las cosas, querida..?

Estamos tumbados en la cama elástica comiendo tostadas con Nocilla. Hace rato que no saltamos (odio que mi zorro se suba porque ocupa casi todo el sitio y siempre termina arañándome cuando salta).  
Antes de la merienda, hablábamos sobre el agradecimiento, que yo recuerde.  No sé a qué viene ahora, que estamos agotados, sudando y relajados, que empiece a comerme el coco.

-Querido (odia que le llame así), –yo no tengo manías, solamente verdades –sé que lo aso cuando me pongo.  –Yo, simplemente vivo; los caprichosos son los artistas, no te confundas.

–“la lista de mi vida” –responde con los ojos vueltos y haciéndose el interesante.
–¿Eso es un nombre raro? –abro los ojos todo lo que puedo.
–Bueno, mañana, lo pones en tu muro y que tus queridos habitantes del bosque, como tanto te gusta llamarlos, te digan lo que es (aquí lo noto celoso, jeje).
–Mira, yo no tengo que preguntarle a nadie ni molestarlos en sus vacaciones o en sus trabajos para que me confirmen algo que está clarísimo. Cada año me hago una lista de asuntos emocionales que necesito zanjar, por eso se llama así. Este año es mi año del agradecimiento y lo empecé escribiendo, cada dos meses, una carta a alguien que me hubiera ayudado mucho o me hubiera influido. Ya llevo dos, vamos, que la cumplo porque me hace sentir importante. –Y diciendo esto, muy digna, me levanto de la cama elástica para salir por la red. Entonces lo oigo reírse a carcajadas (esto es rarísimo porque la especie de mi zorro es muy seria y casi nunca se ríe, yo creo que se debe al horóscopo, que esos animales también tienen).

Estoy por volverme y enchufarle la manguera pero cuento hasta tres (bueno, llego a veinte) y me vuelvo:
–Tú lo que tienes es envidia cochina, como diría mi abuela cuando ya la teníamos frita. Tú es que no sabes ponerle palabras a las cosas y yo, que sólo vivo para ellas, te produzco un rechazo “realtivo” (aquí me doy cuenta de que me he vuelto a inventar otra palabra y me giro para que no me vea reír, que estaba yo en el rol de ofendida).

Y, como un chispazo, me doy cuenta de que he dejado el bote de Nocilla entero a su lado y corro hacia él.
–lo siento, querida, el bote se ha “dosinado”; añádelo a la “lista de tu vida”, por favor.


Y el muy caradura, me guiña un ojo y se va.





yolandaquesequedasinnocilla