lunes, 25 de febrero de 2013

poemadelunes: vulgaridad

De verdad,
de verdad,
de verdad,
que la vulgaridad casi nunca está en la ropa,
o en como te sientas,
sino en lo que dices y
en lo que callas.

Pero claro, eso lo siento yo,
quizás la chica de este poema,
no.








Cenamos en un
africano,
una noche de
suave lluvia
después del
teatro.

Me mira tierno
y me dice
—justo antes
de que le suene
el teléfono —
estás preciosa…

Y se levanta
a hablar,
con el sigilo
de animal
herido en el
camino.

Y me quedo
sola
en la mesa.
Yo,
mí,
me,
conmigo…

Vuelve
sonriendo,
y trae entre sus
dientes la más
espantosa
vulgaridad.

No sólo ha
hablado con su mujer,
sino que me
detalla lo que
ella le ha contado. 






yolandayea....

lunes, 18 de febrero de 2013

poemadelunes: ese beso, ese beso, ese beso...


Este poema me lo pidieron para una antología homenaje que se le ha hecho a Luis Eduardo Aute y que está a punto de ver la luz. 

Está basado en una canción suya y en
ese amor que se te instala, 
dulce y ferozmente, 
haciéndote perder el concepto del presente y del futuro. 
Es decir, 
detonándote todo y sin posibilidad de renuncia. 







De alguna manera
tendré que olvidarte,
por mucho que quiera
no es fácil, ya sabes…
LUIS EDUARDO AUTE



Con las uñas.
Necesitaré miles
de zarpazos
para borrar
tu sonrisa
de mis ojos.

Con los dientes.
Morderé tu
voz de
leche templada
para
desintegrarla y
convertirla
en polvo
(o mejor en
 vinagre,
que cura
las heridas).

Y con mi tiempo.
Arrasaré todas
esas horas
que paso
dentro de ti,
imaginando
cómo te instalo
mi casa,
mi alfombra,
mis dedos…
                                
Ya ves,
mi amor,
no sé
cómo olvidar
ese beso
húmedo
que nunca
me diste
y que
(lo siento,
ya no hay remedio)
no me
voy a
morir
sin
él.






yolandaromántica

lunes, 11 de febrero de 2013

poemadelunes: la invitó a comer...


Porque todo lo que no sucede, 
es el avance de un deseo. 



La invitó a comer
en un precioso
restaurante asiático y,
de regalo,
le llevó un libro
de Salinas.
Para el postre
de tu boca,
le dijo rozando
con su frase
el tierno rincón
de su cerebro.

En el segundo plato
él se reía
tan dulce…
me diría luego ella.
Ausentes los ojos
(de ambos),
del tiempo
que se partía
y de la vida
que, poco a poco,
y en ese mismo
instante,
crujía entre
sus cuerpos.

Pidieron vino
de la tierra
y postre de
emociones.
Quiero verte pronto,
le dijo él
mientras le apartaba
un rizo de la cara
y arrasaba
con los dedos
las dudas
de sus pestañas…

No hubo beso,
o al menos
no lo recuerdo.
Pero hubo
un incendio
dentro de sus pechos.
Ahora tienen
el cuerpo lleno
de bosques
ardiendo.







yolandaenllamas



(poema perteneciente a: Poemas desde mi ombligo (huerga y fierro))