lunes, 22 de agosto de 2011

adolescencia (¿latuya?)

Cuando le hice este poema a mi hija, no llegaba a los once años pero yo adivinaba lo que sentiría (o revivía lo que yo sentí).


Y hoy, en un lunes sin sol,

quiero dedicaros este poema a todos vosotros, con la esperanza de que, en este muro, recordéis la pasión de la adolescencia.

Así estaremos más cerca del corazón y del cerebro de nuestros hijos (y de nuestros sueños).

Aunque cueste.





A Isabel, que aún me deja cogerla

entre mis brazos.




Ha bajado lánguidamente

las escaleras

del patio.

Trae sus ojos rizados

entre las manos.

Abiertos como una granada

recién cogida,

como una boca fresca

recién mordida.


Y se sienta,

sobre mi falda abierta

de respuestas

y de flores.

Madre costurera

de retales

que quiere coser

su vida.


Por su pelo

le cuelgan todos los sueños

recién paridos.

Aún se enredan

sus coletas

de colegio

entre mis dedos.


Y espero;

las preguntas,

y las lágrimas…


Su adolescencia

se retuerce

(como un animal)

entre sus pechos nacientes.

Dentro,

como una niñaloba,

atesora todas las palabras

recién oídas,

los primeros besos

con lengua

que anuncian

el paroxismo de sus hormonas.


Lloverán lágrimas

en sus venas.

Seguro.

casi oigo,

desde aquí,

el ruido

de la tormenta…






yolandaatrapadaenelrecuerdo

jueves, 11 de agosto de 2011

Desnudarlascosas. Filosomía...

Reinventarse o descubrir(se). Este pensamiento me ocupó ayer. Oí a una cantaora decir que ella no había inventado la música para unos poemas sino que estaba en ellos y que ella sólo tuvo que descubrirla...

¡¡¡Me fascinó!!!

Así que he decidido observar, analizar y exprimir el mundo y sus habitantes (sus paisajes y sus rocas, sus lágrimas y sus risas) para encontrar lo que encierra.

Dejemos de preocuparnos por inventar. Ocupémonos de descubrir..






yolandaysusmandamientos

lunes, 8 de agosto de 2011

misestornudos

Me ocurre muy a menudo.

Cada vez que estornudo, en lugar de escupir ese desagradable ruido, inundo todo de besos...

No puedo salir a la calle cuando hace frío, ni cuando hay demasiada luz. Cualquier cambio en mis sensores olfativos me produce un gran estornudo y claro, miles de besos salen disparados de mis labios instalándose en todas las partes del cuerpo de las personas que están cerca de mi.


He pedido consejo al panadero porque él utiliza mucho amor en su profesión y me ha dicho (insistiendo) que cuando esté resfriada vaya a su panadería, que él se encargará de guardarlos en un saco para aprovechar la sustancia dopamínica que liberan.


No es mala idea, he pensado que si fabricáramos pan con esa hormona, la gente sería más amable y podríamos crear una factoría de aprovechamiento de energía besual (esa palabra me la he inventado yo pero al panadero le ha gustado y a mí también).


Aunque creo que el panadero me hace trampa

porque cuando yo estornudo,

él se pone muy cerquita mía.

Y yo creo

que me roba algunos besos,

sobre todo,

los que se le quedan

pegados

a la boca.





yolandaquerecicla