jueves, 25 de febrero de 2010

estoyharta

Estoy harta de
tus mensajes
sin palabras.

De tus abrazos
lejanos y
de tus besos
tan cerca
de mi boca
—que drenan mi saliva
sin compasión—.

Estoy cansada de
que maltrates
mi deseo,
como si fuera
una perra
abandonada
—sin dueño,
sin rumbo,
sin pelo—.

Pero lo que más
me lacera
(me arde, me jode, me
asfixia, me aplasta)
es que vengas
a llorar a mi
pecho porque
ella te ha
dejado.

Lloras como
un niño castigado
en la hora del
recreo.

Además,
a mí también
me echaron del
patio del
colegio.




yolandaconrabieta

lunes, 22 de febrero de 2010

rebozadodepestañas

“Rebozado de pestañas”,
así se llama la receta
que voy a preparar
esta noche
para cenar.

Te arrancaré
una a una las
orillas de tus
ojos
(prometo no hacerte daño,
mi amor)
y en su lugar
colocaré el tallo
de una rosa
roja
(sin espinas).

Las iré
metiendo en mi
boca
(las pestañas)
hasta condimentarlas con
mi saliva.

Y las escupiré
(procurando no
salpicar)
en el plato
de la harina
—no les pondré
huevos,
últimamente
sobran en esta
casa—.

Y así,
con tallos en los
ojos,
ya no podrás
abrirlos y
dejarás de mirar
con deseo
a todas las mujeres
que vienen
a comprar a
la mercería.

Quizás
vuelvas
a mirarme
a mí.


yolandacocinera

jueves, 18 de febrero de 2010

lisboaquelindo

Estoy en la Alfama, ese barrio que se retuerce entre asfalto y piedras de fados.
Es mi último día en Lisboa y vamos a cenar a un lugar elegido para nosotros, para oír uno de los cantes más conjurados del mundo.

Entramos en un
sótano pequeño.
Dentro,
un universo…
(no sé como puede caber tanto en tan poco)

Recuerdo por ejemplo a un señor de pelo blanco que se ahoga en sus propias manos, que se aprieta los ojos con la letra triste de los fados.
Canta para mí y para los treinta que lo escuchamos privados de conocimiento y de luz.

Silencio,
se ama…

Observo la vena de su cuello, como se crece en un río de sangre que ilumina su voz.
Lo recuerdo,
tan hermoso y
tan nítido…

Veo también a María, la joven y dulce editora que se mueve como una gacela por mitad de la ciudad.
Que conduce una
sonrisa
atravesando ríos y
calles.
La veo apoyada en la pared blanca mientras el silencio nos abraza. Su pelo negro (el de María), reclinado en un mantón de lana también negra. Que cálida imagen almaceno en mi cerebro…

Y también
escondo en mis
recuerdos a
una señora
con camiseta
(muy ajustada)
de leopardo encendido.

Gorda y bella por igual;
con el sudor galopando sus pezones
escondidos bajo una tela
bordada en brillantina.
Grasa sublime
de fado desgarrado.

Rotos y desmenuzados
de tanto cantar,
los labios…

En esta noche y
en este lugar,
no hay luz y
el guitarrista se apoya en el aire.

Os juro que no lo he soñado...



yolandaquerecuerdalisboa

lunes, 15 de febrero de 2010

declaracióndelarenta, queseacerca

Estamos en Marzo
y he de hacer
la declaración
de la renta.

Comienzo con mi activo
que se convierte
en presente
(para volver a tu lado
no encuentro el coeficiente).

He encontrado
la factura
del restaurante
donde tú
te declaraste
proveedor vacío,
sin deseo de
consumirme nunca
más.

A estas alturas
estoy en quiebra
y me deben más
que gasto.
Me debes besos,
y muchos abrazos
-que los últimos son
del trimestre pasado
y algunos sin declarar-.

He abierto la carpeta
de la renta
y he hecho mi
declaración
de amor.


yolandacontable

jueves, 11 de febrero de 2010

POESÍAPARAGRITAR doshombresyunsombrero

Hoy os quiero dejar un poema muy especial, es una historia que seguro que muchos conocemos y que viví un día de invierno en la playa. Abajo encontráis el reproductor para oírlo, es del espacio semanal de la ser Radio Linares.
Porque ¿alguien no conoce a una persona que se haya quedado sola y que su edad le haga pensar que ya no merece la pena vivir?
Hoy os queremos invitar, desde este poema a que, si tenéis cerca a alguien así, que paréis un poco el tiempo y le dediquéis una sonrisa o, tampoco nos cuesta tanto, le preguntéis si necesita alguna ayuda…

Para Paco, que esa mañana paseaba con sus recuerdos




Estoy sentada en
un banco del puerto,
y traduzco,
melancólica,
los versos callados
de las
olas.
(Me empapan
sus palabras sin voz.)

Dos hombres se cruzan
frente a mis ojos.
Caminan ambos
bajo el sol.
Absortos en sus pasos
llagados de vida.

Se saludan,
se abrazan…

¿Por qué no llevas
sombrero?,

pregunta el más alto,
rozando suavemente
aquella calva
llena de noches
y de lunas.

Lo olvidé,
lo perdí.
Pierdo hasta
las frases antes
de hablar…

Le diré a mi mujer
que te traiga uno
del pueblo.
Le susurra enternecido
su amigo.

Se despiden
suavemente
y alimento mi pena.
Observo como
uno de ellos
se ha roto
en fragmentos.
Más viejo,
más solo,
más perdido.

El que no tiene
sombrero,
el que pierde las frases
antes de hablar,
no tiene mujer.
También la perdió.


yolandaconestehombre








jueves, 4 de febrero de 2010

POESÍAPARAGRITAR2. personas con discapacidad

Hoy os quiero contar una historia de amor. Porque poesía para gritar tiene mucho amor en las venas…
Y quiero dedicársela a todos los habitantes de esta ciudad que, mientras que nosotros sólo nos fijamos en su discapacidad, ellos luchan por enseñarnos que son mucho más hábiles e inteligentes que nosotros en muchas otras parcelas.
Y que, mientras ellos luchan por un derecho, nosotros los miramos como si fueran inferiores.
Y ojalá, no nos olvidemos nunca que todos, absolutamente todos, tenemos alguna discapacidad…

(Pincha abajo en el enlace si quieres oírla.)



Para Jose Luís, que me enseñó, además de su corazón, a abolir la palabra minusvalía…


El día tres de abril era miércoles
y el viento traía recuerdos de fruta.
Carlos levantó la voz:
¡para el autobús
que me meo!

Y paré.
Eran las nueve y media de la mañana
y mi primer día de ruta.

El chico no bajó solo.
De la mano llevaba a una joven rubia
de pelo enfadado y sortijas en los pies.
No pude decir nada
cuando los vi agachados a los dos
en la hierba del prado
dejando correr su orín.

Todos los chavales del autobús
reían como locos;
pero yo me quedé sentado,
seducido por la escena.

El chico se subió la bragueta
y miró el hermoso paisaje.
Allí crecían margaritas de nostalgia
y jazmines tiernos de sollozos.
Ella no dejaba de mirarlo
mientras se recogía la falda blanca entre las piernas.

Te cogeré flores,
le susurró el príncipe de la mañana.

Cuando terminó,
se acercó a sus ojos rubios
y le puso una rama de olivo
en la zona preciosa de la oreja.
Alojó el ramo en el suelo,
entre los pies desnudos de sus cuerpos
y agarró a la chica de las manos.
¿Quieres casarte conmigo?...

Se hizo tarde
y algún coche pitaba cabreado.

Yo esperé
mientras todos esperaban.
Mientras las flores esperaban
tiradas en el suelo de la pregunta.
Mientras mis labios apretados esperaban…

Fue mi primer día de trabajo,
y el último,
la directora del manicomio
no escuchó mis disculpas
y me expulsó por permitir salir a los enfermos.



yolandaquegrita



lunes, 1 de febrero de 2010

CARMENYCLEOPATRA(yyo)

Siempre he tenido un imán irresistible por las personas que viven dentro de sí mismas,
aquellas que usan la piel para esconderse
cuando este mundo
les agota el cerebro
y el amor.

Así que hoy, os cuento una historia de una persona a la que quiero mucho. La hermana de mi amiga Pilar Urtiaga...

a Carmen,
que además de quererme,
me lo dice…

Ayer,

dulce hombre que me vive,

unté mi piel
con la crema que me regalaste.

Suavemente,
imitando el baile de los dedos
de Cleopatra,
reina infalible
de la sensualidad.

Busqué con todos mis sentidos
los rincones de mi cuerpo,
hallando
donde ella escondía el delirio,
el placer
y la mirada encendida
de los hombres
que la deseaban.

Y terminé el ritual
poniendo una gota
de aceite de locura
en mi ombligo
(encendiendo así
el león asustadizo
que se encierra
entre mis pechos).

Y salí a la vida
oliendo a reina de Egipto.

Y esperé
una respuesta.
Apoyada en mi boca,
esperé…

Pero nadie lo descubrió.
Ningún hombre ni mujer
fue invitado
por el mundo voluptuoso
que había untado
en mis entrañas.

Hasta que vi a Carmen,
que me agujereó
con sus ilimitados ojos
al olerme y
me atrapó de golpe
la mano,
con una violencia
arrebatada y
astuta.

Hueles a intriga
querida niña,
a mundo abierto
y abrazos escondidos.
Hueles
muy bien…

Y volvió
con un portazo
de iris
a su interior.
Ese mundo insondable
envenenado
de alucinaciones.

Siempre he sabido
que los esquizofrénicos
descubren abismos
que el resto
de los mortales
entierran.

yolandaquerecuerdaacarmen