miércoles, 27 de enero de 2010

POESÍAPARAGRITAR. Indigentes1

El poema de hoy es una historia. Siempre real. Inaugura una sección semanal que me han dejado en radio Linares(cadena ser), con Andrés Cardenete, que se llama Poesía Para gritar.
Tenéis un acceso directo a este blog para escuchar las grabaciones. Aquí el textoo y allí la voz. No obstante, al terminar el poema, tenéis un acceso directo por si lo queréis oír.

Hoy, este poema habla de esos señores que visten ropa de todos y que nunca vemos, aunque siempre los miramos… los indigentes.
Con todos mis respetos, se lo dedico a un señor que conocí que dormía en una cama de cartón.



Ojos.
no puedo resistirlo.
Si son bonitos,
los arranco…

Pero mi concepto
de la belleza (ojo, que esto es muy importante), seguro que no es igual que el tuyo.
El mío,
se muere
por los órganos que sufren.

Así que hoy,
esta mañana,
esta misma mañana,
a las diez
en punto,
le he arrancado los ojos a un indigente que dormía en la puerta de un banco.

Mírame bien,
ahora los llevo puestos,
justo ahora que
te cuento esto.

Y veo en gris.
En un puto
color
gris.

Estos ojos malditos no me dejan dormir; sus humores (el acuoso y el vítreo) me aplastan el cerebro.
Joder,
con estos iris tan llenos de lágrimas
es imposible ver bien…

Y, por la noche,
todas las imágenes guardadas dentro de ellos,
imágenes de hombre que duerme en la calle,
comienzan a proyectarse dentro de mi lomo.
Dentro de mis huesos…
Y las veo, tan cerca,
que casi las puedo chupar.

Saben mal.
A hígados y a corazón podrido.

Veo,
por ejemplo,
como unos desgraciados,
me dan una paliza.
(Me duele la sangre
mientras lo veo)
Y, cuando me despierto,
como una niña de quince,
se orina en mi
caja de cartón
¡te jodes,
me grita,
por sucio y maloliente!
Mientras, yo me repliego en mí mismo, sin saber donde ir, ni donde llamar, ni donde vaciar mis cuencas…

No lo aguanto,
me arranco estos ojos nuevos que he robado y
busco a su dueño
para devolvérselos
( que tiene que
estar de lujo
con los míos).

Pero no está.

No hay forma de encontrarlo.

Así que decido regalártelos a ti,
visitante de este blog.
Hoy,
te regalo la verdad:
la mirada de un indigente.
¿Serás capaz de soportarlo?...


yolandaquegritaygrita




lunes, 25 de enero de 2010

sivaloramos,crecemos

A veces, muchas veces,
más de cuatro veces,
no apreciamos lo que tenemos,
hasta que un día,
un jodido
día,
nos damos cuenta de que
el amor
se nos ha secado...

Ahí va ese poema, por si alguien puede recoger sus desprecios del suelo y fabricarse con ellos un collar de agradecimientos,
o,
-fíjate que fácil-
de besos.

(En este poema soy chico, que a veces me gusta cambiar de género)


Ella es hollín
pintado en las escamas
de mi piel;
carne trémula
que abandona mis
labios
—y mi cama—
para tender la lavadora.

Ella es el pecho
cuajado de miel
—y leche—
que amamanta nuestras
fieras
(tres cachorros que
fabricamos con los
dulces abrazos
de nuestras
vértebras).

Ella es la savia
que lame mi
columna,
que sostiene
(mientras termina
de escribir un
artículo)
mis voces y mis
besos.

Ella,
tan infinita y tan
imprescindible
para mi existencia.

No sé como,
dejándome sólo una nota
en el baño,
ha podido abandonarme.



yolandaqueapoyaqueelamorseriegaadiario

lunes, 18 de enero de 2010

yosecoser

Mi madre dice
que a mi hermana pequeña
(esa que huele a bollitos
de azúcar y miel)
se le incrustó una aguja en el tórax cuando era bebé...

La mujer que cosía con ella, siempre la tenía en brazos y mi hermana, que nunca lloraba, se dormía
entre sus pechos de
leche costurera.

Así que una aguja,
traicionera e invisible,
se le fue,
poco a poco,
incrustando en su piel de algodón.

Yo he probado a ver si esto es posible y me he pegado una en el nacimiento del pecho.
Y,
cada día,
he ido clavándomela
un poco…

Hoy, mientras escribo esto, la siento ya como parte indivisible de mis vértebras.
Hoy, mientras escribo esto,
decido que quiero coserme algunas cosas que tengo dentro y,
suavemente y en silencio,
pongo mi dedo
(corazón)
sobre la aguja,
simulando,
con el movimiento de coser,
lo que ella ha de hacer
dentro de mis intestinos.

Coserme, por ejemplo,
ese desprecio tuyo que me provocó una úlcera el año pasado.

Y bordarme,
(me encantan los bordados)
un corazón rosa
en el esternón
-que siempre
se me quiebra
con tus gritos-.

Y también,
si me da tiempo,
cogerle el bajo a mis pulmones,
que de tanto suspirarte
se me han quedao
dos tallas más
grandes.

Yo creo que ha sido una buena idea lo de la aguja,
aunque,
si pudiera,
—y mi corazón lo resistiera—
me cosería los ojos para no
verte
humillarme
nunca
más.


yolandacosturera

jueves, 14 de enero de 2010

burkaparalosqueloimponen

Sé que hoy no es el día de la mujer, por esto quiero colgar este poema, porque ojala celebremos que no tengamos que celebrarlo nunca.

Este poema aparecerá en el libro "Corre Edith Napoleón" que es un libro compartido con la gran poeta catalana Noemí Trujillo. Son historias reales llevadas al verso (ojala beso).
Y, como sabéis mi debilidad por la infancia, cuando leí esta historia, me creí morir...
Por esto, aunque ahora no esté, se lo quiero dedicar a ella.




Pero a esas niñas no sólo les espera la cárcel de tela. En la negación de su vida
y de su libertad que practican los hombres afganos sobre ellas, se incluye el derecho
a venderlas a otros hombres cuando apenas han cumplido catorce años…

ROSA DÍEZ


Dicen que el cianuro
no sabe
a nada.
Que su beso
letal
morderá mi
cerebro
y se beberá
—sin dulzura—
mi pequeño
corazón.

Dicen que su melodía
es igual con los niños
y con los adultos:
vómitos
(la sangre agolpada en mi
garganta)
y falta
de aire
(hace mucho tiempo
que ya no respiro).

Dicen que lloraré
después de beberlo
y que romperá mi
frágil piel
estallándome
en ampollas.

Dicen las mujeres
que llevan burka
que no pueden reír;
que toda la fuerza
se les va en respirar.

Yo no quiero
vivir
muriendo
así.


yolandaqueojalapudieraabrazaraestaniña

jueves, 7 de enero de 2010

amigasqueojalavuelvanaquererse

Yo estoy bien;
algunos kilos de más.
Tú sigues sonriendo tanto,
qué guapa estás…


Después de veinte años,
querida amiga,
no es fácil resistir.

No te quise contar
que me siento feliz,
que la sonrisa
eterna
me hace, muchos
días rotos,
revivir.

Que tuve dos hijas
que crecen conmigo
pero no para mí.
Y que sigo soñando
cada día
para no dejarme
ni un solo instante
de sentir.

Me dices
que tus hijos
(tres)
no te dejan vivir
y que ya no ves
ni la telenovela.

Que has dejado
tu trabajo de diseñadora
porque entre los
niños y la limpieza
de la casa nueva
(espectacular,
por cierto)
no tienes tiempo
ni de hacer el amor…

Sólo es un tiempo,
Yolanda,
hasta que mis hijos
crezcan.

Tu marido
sigue perfecto y
tan atractivo
como antes.
Me dice,
al oído,
que lee mucho,
y que juega dos tardes
a la semana
al paddel.

Se cuida,
lo cuidas.
Se quiere,
lo quieres.

Todos menos tú
crecen.
Lo sabes,
se nota…


yolandaquelejodeesto