lunes, 28 de septiembre de 2009

loslunes

Hoy es lunes.

De niña,
nunca me gustaron los lunes.

De joven,
tampoco.

De adulta,
los lunes me restregaban su amenidad en las entrañas.
Me gritaban
—con esa cadencia de calendario
recién parido—
hola, jodida currante,
ya estoy aquí…

De mayor (bueno, cuando era abuelilla), comenzaron a gustarme los lunes…

Cuando aparecían por la mañana, yo los esperaba en pelotas y los estrangulaba para disolverlos con el anticoagulante que me chutaba.

Y mezclaba las dos cosas juntas (el lunes y el sintrom) con el café prohibido que me tomaba para desayunar.

Cuando fallecí, lo hice en lunes.

Y lo mejor,
ahora, que soy bruja,
me encantan los lunes…


yolandahoy

jueves, 24 de septiembre de 2009

vivirdentrodeunaboca

Abre la boca,
le dije mirando sus labios.

Y ella la abrió,
sin saber que yo
me quedaría a vivir dentro.

A veces salía a tomar el fresco
y paseaba a nuestro perro
entre sus dientes.

Otras,
si ella dormía,
me escapaba,
para recordar el mundo
de los muertos.

Allí viví diez años,
entre las montañas abiertas
de sus muelas,
las voces apagadas
de sus dudas
y la saliva dulzona
de su lengua.

Pero se cansó
de tenerme dentro.
-Te mueves demasiado en mi pelo-
alegó sin prisa.

Y estornudó con rabia,
escupiéndome fuera
de sus labios,
de su casa…

Ahora nado entre mi pena
matando como moscas
mis sollozos
- que se vuelven asesinos
en mi pecho-.

Y cada mañana,
al despertar de nuevo
entre la muerte,
rajo el aire
con mis gritos:

¡Quiero volver a su boca fresca,
a sus labios mojados
de ternura,
a su vida…!


yolandaconboca

lunes, 21 de septiembre de 2009

vuelvoalcolegio

Voy al colegio.
He vuelto a los ocho años…

Le he cambiado la vida a mi hija pequeña. Ha sido un acuerdo justo.
Ella quiere ser mayor y yo, pequeña…

Lo siento mamáhija, le digo recién levantada, hoy me he hecho pipí. (No me mires con esos ojos porque no hay motivo. Lo he hecho porque me ha dado la gana…)

Y ella,
con sus manitas
de arroz con leche y
ternura,
me ayuda a ducharme y
me prepara el desayuno.

No importa, cariño, me responde casi en silencio, mañana no pasará…

Después me hace un zumo de naranja y, mientras yo veo dibujos en la tele, asoma su cabeza (aún sin peinar) por mis ojos, mientras me pregunta sonriendo: ¿con que quieres la tostada mi amor?...

No me puedo olvidar de lavarme los dientes, la carita y procurar hacer caca antes de salir de casa.
Como yo decía cuando era madre: completita…

Sancho (el precioso perro que vive con nosotros y me roba el desayuno del cole si me descuido), me lame un pensamiento y, viendo que sabe a chocolate, me quiere chupar otro.
¡Mamá!, le digo a mi hija, ¡ven corriendo que quieren sorberme el cerebro…!
Sancho mastica, encantado, el último sueño lindo que he tenido y, antes de que lleguen refuerzos, se lo ha zampado.
Snif, sólo tenía dos horas…

Joder, esto del cole, como que ya me va cansando…

Controlo que llevo mi chaqueta, mi mochila y las canicas que le he robado a mi hermana mayor (si me pilla, me hostia).
Y mi madre (hija), mientras me da un beso, me dice toda contenta: ¡hoy vamos al cole en bici!

Me encanta ir en bici así que salto de alegría. ¡Genial!

Pero el aire
se detiene.
Se fuman las
gaviotas
el último suspiro
de mi
frase.

Se me
quema en la
piel
toda la carita
triste de mi
madrehija y
se me borda
en las venas
su voz
destilando comprensión:

Es hora de que vuelvas a ser mi madre, me dice gimiendo. Y te prometo que no es por lo que cuesta lavar la ropa, ni hacer la comida.
Ni siquiera por lo jodido que es ir como las motos para llevarte a las clases de baile, atletismo o inglés.
No.
Ni tampoco por las broncas que tenemos cuando te paras en mitad de la calle y me dices: de aquí no me pienso mover…
No.

Es que,
querida hijamamá,
no tengo fuerza
para llevar
tu bici…



yolandaquevuelveasermadre

viernes, 18 de septiembre de 2009

adorotu

Adoro tu mentira
sincera y
adoro,
(sin remedio)
tu voz desafiando
mi lengua.
—Tan besada,
tan buscada…—.

Adoro que me digas
que no es justo
que me vaya
a llamar por
teléfono cuando
es tarde,
cuando reposo aún
en la esencia
—tan fresca—
de tu piel.

Pero lo que más
adoro,
lo que más
me revuelve
los huesos
y el corazón,
es que me sigas
pidiendo
(a deshoras,
mi amor,
cuando menos lo
espero)
que me
case contigo.


yolandaromántica

jueves, 10 de septiembre de 2009

ejecutivamaruja

Hace sol.
Si no lo hace,
lo pinto (guardo unos lápices preciosos de cuando estudiaba que si se mojan parecen acuarela).

Pueden hacer
hasta que el sol
llore…

La chica que viene a ayudarme está de vacaciones. ¿Un mes?, me preguntan algunos, extrañados.
Evidentemente, les contesto, igual que tú. (Hay que tocarse los cojones...)

Me levanto a las siete
(con el sol que he pintado y
que hoy tiene pecas)
y, empieza esta jornadadetrabajomadreamanteyescritora…

¿Las haditas?: de vacaciones, a mi laíto, haciéndome la vida más feliz y el trabajo más complicado...
Dulce contraste
de besos,
torrijas,
y deberes de matemáticas.
(Con lo mal que se me dan...)

Y, mientras discuto con el consejero delegado de alguna de esas empresas (que se caen de grandes) porque el logo le parece demasiado femenino (esos no han oído a mi amigos los demonios del coaching), remuevo el pisto (que ha de hacerse como las abuelas, a fuego lento, que una es muy exigente…)

¡Claro!, le digo a la protagonista de mi novela que se queja de que no le he corregido la segunda parte del libro, eres una exigente, ¿no puedes esperar un poco a que recoja el tendedero que se me queda tiesa la ropa?...

Suerte que mis preciosas hijas se han repartido tareas de la casa y colaboran cada día más. (Esto es una comunidad. Jippy pero limpia…)

Y me llama un amigo, y me oye con este lío que a mí, personalmente me gusta y que, además pienso que me hace más grande,
y,
con su tierna voz
llena de
susurros
y sabiduría,
me dice:
eres una ejecutivamaruja…

Y, entonces,
después de reírme,
escribo este blog.


yolandadetó

domingo, 6 de septiembre de 2009

mimoscapersonal

Voy en bici.
Me pongo los guantes negros
que dejan mis uñas al aire
(para rajar los fragmentos de viento).

Me cuelgo la mochila
en la espalda
(con el libro de poemas dentro) y
me voy a leer al puerto.

En el camino, siento un ligero temblor en mi ceja izquierda que se asemeja a una canción ronca de nana.

Es una mosca…

Muevo la mano, como agitando el aire.
Pero no se va.

Alargo mis pestañas hasta hacerle con ellas una sombra que la ahorque.
Pero sigue aferrada
a mi lunar,
esa laguna de piel oscura
que vive
(también)
sobre mi ceja.

Entonces oigo una voz. Muy dulce; tan de niño pequeño que casi tengo que coser las letras para saber lo que dice:
déjame viajar contigo, por favor…

Sigo pedaleando mientras pienso que contestar.

Asiento con mi cabeza y ella, aprovecha un rizo de mi pelo para hacerse con él una cama. Dormir junto a mi pensamiento…

Antes de bajarme en el banco donde leo cada día, experimento un pinchazo en la sien (izquierda, donde ella coexiste desde hace un rato) y siento como un finísimo hilo de suspiros va inyectándome dentro del cerebro un montón de neuronas de colores.

Tranquila, fierecilla,
me dice,
he conectado tu cerebro con el mio.

Y así, leemos poesía juntas. Y si ella llora, lloro yo.
Compramos juntas el pescado y ella, (acostumbrada a lo rancio), hace que pose mi mano en una cigala para disfrutar de la aún vida escurriéndose en el mostrador.

He de volver a casa, le digo.
Pero quiero volverme sola. No podría vivir con dos cerebros…

De nuevo el pinchazo, sin un reproche. De nuevo mi rizo en la cara y mis pestañas en mis ojos.
De nuevo mis hemisferios en su sitio.
Y un resto de sal en mi lunar.

Es el paleolítico
de su lágrima...



yolandaysumosca

jueves, 3 de septiembre de 2009

limpiandolimpiando

Me tocó a mí la limpieza.
Aquella gran casa de campo se caía de nostalgia…
Tiré mucha mierda (perdón, cosas) y seguro que él aún no las habrá echado en falta. Cuando terminé de recorrer esos pasillos llenos de pestañas y de recuerdos, cerré todas las puertas con llave.
No me llevé nada conmigo; demasiados recuerdos en cada candelabro-mesa-rincón. Hubieran chillado en mi casa nueva.

Al abrir el armario de su habitación, ese espacio donde vive la cama gigante de bronce, vi una bolsa verde escondida y, sin que él me viera, la abrí.
Dentro había un montón de revistas pornográficas… Mientras sonreía, sentí un pequeño bocado de ternura y, entonces, busqué más.

En la mesita de noche descubrí un paquete de viagra… ¡casi grito! No está mal para un señor de 75 años.

Si no fuera
mi padre,
se lo contaría
a mi
madre…



yolandalimpiadora